El cielo plomizo parece formar parte del paisaje.
Gris. Frío. Elegante.
Estamos en Frankfurt, una ciudad en la que los rascacielos se levantan sobre el río Meno y las grandes instituciones financieras conviven con cafeterías, restaurantes y calles que todavía recuerdan una historia mucho más antigua.
Muchos llegan pensando únicamente en bancos y negocios.
Pero basta caminar un poco para descubrir otra Frankfurt.
Y nosotros, como siempre, vamos a hacerlo buscando también un buen café.
El toro y el oso de Frankfurt.
Hay dos habitantes de Frankfurt que llevan años observando pasar a turistas, trabajadores y financieros.
Un toro y un oso.
Las esculturas se encuentran frente al edificio de la Bolsa de Frankfurt y representan dos movimientos completamente opuestos de los mercados: el toro simboliza los precios que suben y el oso los que bajan. Las figuras fueron encargadas con motivo del 400 aniversario de la Bolsa, celebrado en 1985.
Una bolsa que comenzó entre comerciantes y monedas.
La historia financiera de Frankfurt empezó mucho antes de los ordenadores y las enormes pantallas con cotizaciones.
Durante siglos, la ciudad fue un importante punto de encuentro para comerciantes.
La feria de otoño de Frankfurt aparece documentada ya en 1150. Con el tiempo comenzaron a llegar comerciantes de diferentes lugares cargando no solamente mercancías, sino también sus propias monedas.
Y aquello generó un problema.
¿Cómo establecer cuánto valía cada moneda?
En 1585, un grupo de comerciantes acordó establecer tipos de cambio uniformes. Ese momento es considerado actualmente el nacimiento de la Bolsa de Frankfurt.
Resulta curioso pensarlo mientras contemplamos al toro y al oso.
Uno de los grandes centros financieros de Europa comenzó, en parte, porque unos comerciantes necesitaban ponerse de acuerdo sobre cuánto valía el dinero que llevaban en sus bolsillos.
Una ciudad financiera que habla muchos idiomas.
Frankfurt es también una ciudad profundamente internacional.
Caminando por sus calles escuchamos alemán, inglés, español y muchos otros idiomas.
Esa mezcla se traslada también a sus restaurantes y cafeterías.
Puedes comenzar la mañana con un café, continuar recorriendo el centro financiero y terminar sentado frente a un plato procedente del otro lado del mundo.
Y si aparece carne argentina…
Hay una parada que nosotros difícilmente vamos a rechazar.
Un restaurante argentino.
Porque después de varias horas caminando por Frankfurt, encontrarse con una buena carne argentina puede convertirse en una experiencia dentro del propio viaje.
Es precisamente uno de los aspectos interesantes de las ciudades multiculturales: podemos viajar también a través de la comida.
Un día estamos en Alemania.
Nos sentamos a una mesa.
Y durante un rato los sabores nos llevan a miles de kilómetros de distancia.
El Banco Central Europeo y la Frankfurt moderna.
Si seguimos recorriendo esa Frankfurt financiera, aparece otro de sus grandes símbolos: el Banco Central Europeo.
Su edificio principal se encuentra en Frankfurt y alberga también el Centro de Visitantes del BCE, donde es posible conocer de manera interactiva su funcionamiento y el papel que desempeña en cuestiones como el euro o la estabilidad de precios.
Pero nosotros continuamos caminando.
Porque hay otra perspectiva de Frankfurt que merece especialmente la pena.
Y está junto al río.
Eiserner Steg: Frankfurt desde el puente de hierro.
El Eiserner Steg, el famoso puente peatonal de hierro, cruza el Meno uniendo el casco antiguo con Sachsenhausen.
Desde allí aparece una de las imágenes más características de la ciudad: el skyline de Frankfurt elevándose junto al río.
Un puente que también tiene su propia historia.
El puente lleva más de un siglo cruzando el Meno.
La estructura fue destruida durante la Segunda Guerra Mundial y reconstruida poco después. Incluso artistas expresionistas como Max Beckmann y Ernst Ludwig Kirchner encontraron inspiración en este lugar.
Hoy tiene otra particularidad.
Sus barandillas están cubiertas de candados dejados por parejas que, siguiendo una tradición extendida por muchas ciudades europeas, colocan allí su candado como símbolo de amor.
Pero incluso sin candado merece la pena detenerse.
Apoyarse unos minutos sobre el puente y mirar.
El río debajo.
El casco histórico a un lado.
Los rascacielos al otro.
Esa imagen resume bastante bien Frankfurt.
Y entre los rascacielos, siempre aparece un café.
Después de caminar por la ciudad llega nuestro momento.
Una cafetería.
Una mesa junto a la ventana, si tenemos suerte.
Y un café caliente mientras fuera continúa ese cielo gris tan característico de los días alemanes.
El café también forma parte del viaje.
No siempre recordamos el nombre de cada monumento que visitamos.
Pero curiosamente sí recordamos algunos cafés.
Recordamos dónde estábamos sentados.
El frío que hacía fuera.
La conversación.
La gente pasando detrás del cristal.
Y aquella sensación de haber encontrado durante media hora nuestro pequeño refugio dentro de una ciudad desconocida.
Frankfurt tiene muchos lugares para hacerlo.
Y después de caminar entre rascacielos, bancos y puentes, una taza caliente sabe todavía mejor.
Frankfurt es mucho más que negocios.
Es fácil reducir Frankfurt a una imagen.
Bancos.
Trajes.
Rascacielos.
Aeropuerto.
Pero la ciudad tiene bastantes más capas.
Su casco histórico, el río Meno, sus puentes, su gastronomía internacional y esa mezcla constante de culturas muestran una ciudad bastante diferente cuando decidimos recorrerla caminando.
Nuestra recomendación.
No visites Frankfurt mirando solamente hacia arriba.
Sí, contempla sus rascacielos.
Fotografía al toro y al oso.
Acércate al Banco Central Europeo.
Pero después camina hacia el Meno, cruza el Eiserner Steg y busca una cafetería.
Y si durante el recorrido encuentras un buen restaurante argentino…
Nosotros tampoco pasaríamos de largo.
Un café y seguimos.
Quizás el cielo continúe gris cuando terminemos el recorrido.
No importa.
Frankfurt tiene algo que funciona precisamente con ese paisaje.
Acero, cristal, río, edificios históricos y personas llegadas desde todas partes del mundo.
Una ciudad donde un toro y un oso hablan de mercados financieros mientras, unas calles más allá, alguien simplemente busca una mesa para tomar un café.
Y nosotros probablemente estaremos entre estos últimos.
Prepara el café. Seguimos. ☕

