Praga es una de esas ciudades donde resulta fácil imaginar que, cuando cae la noche y los turistas regresan a sus hoteles, los duendes salen a caminar por las calles de piedra.
Torres góticas, callejones estrechos y fachadas que parecen guardar secretos.
Pero nosotros tenemos otra manera de descubrir las ciudades.
Caminamos un poco, observamos mucho y, tarde o temprano, buscamos un café.
En este viaje: Praga · Puente de Carlos · leyendas · Staré Město · canela · café
El Puente de Carlos y sus leyendas.
Hay lugares que hemos visto tantas veces en fotografías que pensamos que ya los conocemos.
Hasta que finalmente estamos allí.
El Puente de Carlos atraviesa el Moldava desde hace siglos, rodeado de torres, esculturas y leyendas.
Una de las más curiosas habla incluso del momento elegido para iniciar su construcción.
La tradición cuenta que la primera piedra fue colocada en 1357, el día 9 del mes 7, a las 5:31.
El resultado:
1 · 3 · 5 · 7 · 9 · 7 · 5 · 3 · 1
Una secuencia perfecta.
En una ciudad como Praga, cuesta imaginar una manera más apropiada de comenzar un puente.
Quizás los duendes tampoco sean tan imposibles después de todo.
Perderse por Staré Město.
Después del puente entramos en Staré Město, la Ciudad Vieja.
Aquí conviene guardar el mapa durante un rato.
Caminar.
Escuchar los pasos sobre los adoquines.
Y mirar hacia arriba.
Así llegamos a Celetná, una de esas calles por las que sería un desperdicio caminar mirando solamente el teléfono.
Edificios históricos, escaparates, gente que va y viene…
Y entonces aparece algo que consigue detenernos.
El aroma.
Praga huele a café y canela.
Canela.
Azúcar.
Masa caliente.
Los trdelník giran lentamente en muchos escaparates y puestos del centro de Praga.
Puede que hoy formen parte especialmente de la imagen turística de la ciudad, pero cuando hace frío y el aroma a canela invade una calle empedrada resulta bastante difícil pasar de largo.
Así que aplicamos una de nuestras reglas de viaje.
Pedimos uno.
Y buscamos café.
Una mesa, algo caliente y unos minutos para observar la ciudad.
También podemos probar los koláče, pequeños dulces tradicionales checos que encontramos con diferentes rellenos.
Porque algunas ciudades se recuerdan por sus monumentos.
Otras también por cómo olían.
Y para nosotros Praga huele un poco a café y canela.
Entre turistas, historias y algún duende.
Volvemos a salir.
Los adoquines siguen allí.
Las torres también.
Y miles de personas continúan buscando la siguiente fotografía.
Quizás, escondido en algún rincón de Staré Město, haya un pequeño duende esperando que llegue la noche para recuperar su ciudad.
No tenemos ninguna prueba.
Pero tampoco demasiadas ganas de demostrar lo contrario.
Nuestra recomendación.
Cruza el Puente de Carlos sin prisas.
Camina por Staré Město y Celetná.
Piérdete un poco.
Prueba algo dulce.
Y busca una cafetería donde sentarte simplemente a observar.
Porque quizás la mejor historia de Praga no aparezca en ninguna guía.
Quizás pase caminando delante de tu mesa.
Un café y seguimos.
Nos vamos de Praga con imágenes de torres, puentes y calles empedradas.
Pero también con algo mucho más sencillo.
El aroma de la canela.
Una taza caliente entre las manos.
Y la sospecha de que, cuando cae la noche, algo extraño debe ocurrir por aquellas calles.
Quizás algún día volvamos para comprobarlo.
Prepara el café. Seguimos. ☕✨

