Llegamos a Stuttgart con un destino bastante claro.
Esta vez no veníamos solamente a recorrer la ciudad.
Nos esperaba el Museo Mercedes-Benz, un lugar donde más de un siglo de historia del automóvil se encuentra bajo un mismo techo.
Llegar es sencillo: desde la estación central de Stuttgart tomamos el S-Bahn hasta NeckarPark y desde allí continuamos caminando.
Pero antes de entrar nos esperaba alguien.
Y era argentino.
En este viaje: Stuttgart · Mercedes-Benz · Fangio · Fórmula 1 · historia · café
Fangio nos recibe en Stuttgart.
Frente al museo encontramos la figura de Juan Manuel Fangio.
El cinco veces campeón mundial de Fórmula 1 escribió parte de su historia junto a Mercedes-Benz, conquistando con la marca los campeonatos de 1954 y 1955.
Resulta especial encontrar a un argentino aquí, en Stuttgart, custodiando de alguna manera la entrada a la casa de Mercedes.
Una fotografía con Fangio.
Una mirada hacia el enorme edificio.
Y entramos.

Un ascensor hacia 1886.
El museo guarda una primera sorpresa.
La visita no comienza abajo.
Comienza arriba.
Unos ascensores futuristas nos llevan hasta los niveles superiores y, cuando se abren las puertas, ocurre algo curioso:
hemos regresado a 1886.
Allí comienza la historia del automóvil con aquellos primeros vehículos de Karl Benz y Gottlieb Daimler.
Después empezamos a descender.
Piso a piso.
Década a década.
Los primeros automóviles dan paso a elegantes berlinas, vehículos familiares, autobuses, camiones y máquinas que muestran cuánto cambió nuestra manera de viajar durante más de un siglo.
No estamos simplemente recorriendo un museo.
Estamos bajando por una línea del tiempo.

Y entonces aparecen las Flechas de Plata.
Para los aficionados al automovilismo llega uno de los grandes momentos.
Los coches de competición.
Las legendarias Flechas de Plata.
Y nuevamente, Fangio.
Aquí encontramos el Mercedes-Benz W 196 R con el que la marca compitió en los años cincuenta y una historia deportiva que continúa hasta los modernos Fórmula 1.
El final resulta espectacular.
Los coches aparecen sobre una gran curva peraltada, como si todavía estuvieran compitiendo.
Es uno de esos lugares donde resulta difícil guardar la cámara.
Del primer automóvil al futuro.
Después de tantos coches, fotografías y kilómetros imaginarios, hicimos algo imprescindible.
Paramos.
Un café.
Nos sentamos, descansamos las piernas y comentamos cuál había sido nuestro coche favorito.
Porque tampoco hace falta recorrer un museo compitiendo contra el reloj.
Después continuamos hasta las últimas zonas, donde aparecen diseño, investigación, nuevas tecnologías y movilidad eléctrica.
El contraste es enorme.
Habíamos comenzado en 1886.
Ahora estábamos mirando hacia el futuro.
Nuestra recomendación.
Reserva varias horas para la visita y sigue el recorrido desde arriba.
No corras directamente hacia los Fórmula 1.
Disfruta del viaje cronológico, busca los coches de competición y hazte una foto con Fangio.
Y cuando las piernas pidan descanso…
busca un café.
Un café y seguimos.
Salimos del museo después de haber recorrido más de un siglo sin conducir un solo kilómetro.
Empezamos con máquinas que todavía parecían carruajes.
Después llegaron Mercedes-Benz, las Flechas de Plata, Fangio, la Fórmula 1 y finalmente los automóviles del futuro.
Quizás esa sea la magia de este museo.
Entramos en un ascensor en Stuttgart…
y cuando las puertas se abrieron estábamos en 1886.
Prepara el café. Seguimos. ☕🏎️

